Lo primero que me preguntan cada vez que me escriben por whatsapp para consultarme por mi atención es cuánto cobro. Es lo que en general más les interesa saber a las personas, cuando no lo único. Intento explicarles a los interesados que suelo pactar el honorario en la primera sesión. El dinero es un elemento más del trabajo terapéutico y no vale para todo el mundo lo mismo, en el sentido que no todos, lamentablemente, tenemos las mismas posibilidades ni el dinero nos representa lo mismo. Con lo cual como trabajamos con la palabra y con el mundo interior, más precisamente con el inconsciente, es necesario abordar esa posibilidad de pago en cada caso de manera particular, sin caer en generalidades capitalistas que buscan normalizar un precio que muchas veces excluye más de lo que incluye. La premisa fundamental que considero como el cimiento de la profesión es que la salud mental es un derecho de todos y para que ese enunciado tenga valor práctico es necesario acomodar el encuadre a cada persona que solicita ayuda.
Por supuesto que el psicoanálisis no está por fuera de las relaciones de intercambio capitalistas. Pero me parece importante destacar que lo más importante para que el trabajo analítico funcione operativamente es que el paciente pague por eso que dice en la sesión, como un modo de comprometer algo de su propia ganancia simbolizada en el dinero. Claro que esa ganancia de la que hablamos tiene que ver con un placer no dicho pero expresado en el sufrimiento de lo que el paciente se queja. Es eso lo que se paga también como renuncia o como transformación para recién ahí poder acceder a un placer más trascendental, liberado del silencio que lo amordazaba. Roto el pacto secreto que uno guarda con su síntoma paga para ser otro, o mejor dicho, paga para construir el deseo vital que aguarda en él ser descubierto. El pago termina siendo inversión, la inversión una indecible ganancia.
Lo que es necesario para que ésta operatoria funcione es un paciente con ganas de cambiar y exponer su desnudez espiritual, la de la vida y la muerte que están dentro de uno. Un buen analista sabe leer estas dos vertientes que no por ir por caminos opuestos dejan de cruzarse o andar muchas veces en paralelo. El pago apunta a desprenderse del deshecho que nos habita y nos obstaculiza el recorrido limpio hacia nuestros deseos más vitales.
Despejar la hojarasca, agudizar la escucha, atender los pequeños monumentos que le dedicamos en nuestra adultez al niño que fuimos, esas son algunas de nuestras funciones como analistas. El pago es apenas un resto que no completa sino que apenas esboza algo de lo que como pacientes intentamos dar en esa dura tarea de intentar cambiar.