El lenguaje es ese instrumento que todos llevamos puestos y que nos vemos obligados a tocar para nombrarnos y nombrar al otro. Es más, él se expresa a través nuestro desde las formas y sonidos que adquirió a lo largo de nuestra vida. Es como una tela que se estira y se enreda formando nudos y desplegando figuras que para poder interpretar requiere el arduo trabajo de desandar el camino y desenredar nudo por nudo. El psicoanálisis, como maravilloso descubrimiento, nos da la posibilidad de encontrarnos con nuestros propios nudos e intentar desanudarlos. Nuestras trabas y dificultades se deben muchas veces a estos momentos en nuestra vida en donde algo pasó que nos fijó a ese punto y nos impidió elaborar un acontecimiento. El psicoanálisis permite volver a esos momentos históricos para intentar recordarlos, a los fines de desanudar esa traba y permitirnos elaborar ese hecho vivido tiempo atrás. De esta manera logramos soltar amarras y ampliar los márgenes de libertad en el terreno del deseo. Es decir, podemos tener acceso a nuestro costado más vital y disponer de mayor energía para amar y trabajar, realizar el proyecto que hasta ese momento quedaba trunco por escusas, justificaciones, padecimientos, vínculos nocivos, etc. La salud mental requiere de una búsqueda interior y activa a esas zonas oscuras de las cuales poco queremos saber por el dolor que emanan al acercarnos a ellas. Sin embargo, la única posibilidad de sanar depende del recorrido por estos lugares poco transitados en la vigilia, y que a través de los sueños se despiertan con monumentales obras surrealistas efímeras, como así también en los olvidos o actos fallidos que nos resultan incongruentes con nuestro discurso o con nuestra forma de actuar en la vida cotidiana. El psicoanálisis propone una revisión de todo lo que entendemos como normal para acceder con ojo de cirujano en las heridas invisibles que nos hacen ser quienes somos. Nombrar la herida y acercar la palabra como forma ineludible de curación nos permite reconciliarnos con la parte que rechazamos de nosotros mismos y así reintegrarla al resto de nuestro ser. De esta manera podemos vivir una vida más plena construyendo una estabilidad interior basada en nuestro propio deseo de analizarnos y cambiar lo que nos daña, sin necesidad de falsos bastones que adquieran la forma de relaciones tóxicas, automedicación, adicciones, consumo compulsivo y demás accesos a falsas promesas de felicidad segura en una sociedad capitalista que se consume a sí misma.